Ver una serie, guardar fotografías en la nube o utilizar inteligencia artificial son actividades que forman parte de nuestra rutina. Aunque parecen inofensivas para el medio ambiente, detrás de cada pantalla existe una infraestructura que necesita electricidad, agua y recursos naturales para funcionar.

A esto se le conoce como contaminación digital, y reducirla no significa dejar de utilizar internet. Se trata de comprender su impacto ambiental y tomar mejores decisiones sobre la tecnología que usamos todos los días.

Qué es la contaminación digital y cuáles son sus causas

La contaminación digital es el conjunto de impactos ambientales relacionados con la fabricación, el funcionamiento y el desecho de dispositivos electrónicos y de la infraestructura que permite utilizar servicios digitales.

Sus principales causas aparecen en tres momentos:

  • Fabricación: producir celulares, computadoras y servidores requiere minerales, agua y energía.

  • Funcionamiento: los dispositivos, las redes y los centros de datos consumen electricidad y, en determinadas instalaciones, agua para refrigeración.

  • Desecho: los aparatos que dejan de utilizarse pueden convertirse en residuos electrónicos que requieren un manejo adecuado.

Para dimensionarlo, el Global E-waste Monitor 2024, elaborado por organismos de Naciones Unidas, señala que el mundo generó 62 millones de toneladas de residuos electrónicos en 2022, de las cuales solamente el 22.3 % se documentó como recolectado y reciclado formalmente.

Esto explica por qué la contaminación digital no comienza cuando encendemos un dispositivo, sino desde mucho antes de tenerlo en nuestras manos.

Ejemplos de contaminación digital en la vida cotidiana

El impacto ambiental de la tecnología está presente en actividades habituales, aunque no siempre resulta visible.

Ver videos y utilizar plataformas de streaming. La reproducción necesita dispositivos, conexiones y servidores que consumen electricidad. El impacto varía según los equipos, las redes y el tiempo de uso.

Guardar información en la nube. Fotografías, documentos y respaldos se almacenan en infraestructura física que requiere energía y mantenimiento.

Utilizar inteligencia artificial. Los modelos de IA necesitan capacidad de procesamiento para entrenarse y responder consultas. Algunas tareas requieren considerablemente más recursos que otras.

Cambiar frecuentemente de celular. Reemplazar un equipo que todavía funciona puede incrementar la demanda de materiales y energía utilizados para fabricar nuevos dispositivos.

Estos ejemplos de contaminación digital muestran que el problema no depende exclusivamente de cuánto tiempo permanecemos conectados, sino también de cómo se fabrican, utilizan y reemplazan nuestros equipos.

El consumo de electricidad y agua de la inteligencia artificial

De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía (IEA), los centros de datos representaron aproximadamente el 1.5 % del consumo eléctrico mundial en 2024, equivalente a 415 teravatios-hora (TWh).

Aunque la proporción parece pequeña, su demanda eléctrica está creciendo rápidamente. La IEA estima que podría superar el doble y alcanzar unos 945 TWh en 2030, impulsada principalmente por la expansión de la inteligencia artificial y otros servicios digitales.

El desafío también es local: cuando numerosos centros de datos se concentran en una misma región, pueden aumentar considerablemente la demanda sobre su red eléctrica. A esto se suma el agua utilizada para refrigerar algunas instalaciones.

Por qué los centros de datos necesitan agua

Los servidores generan calor mientras funcionan. Para evitar temperaturas excesivas, algunas instalaciones utilizan sistemas de refrigeración que enfrían mediante la evaporación de agua.

El Departamento de Energía de Estados Unidos explica que el consumo depende de la carga térmica, la tecnología de enfriamiento y la eficiencia de cada instalación.

También existe una huella hídrica indirecta, relacionada con el agua utilizada para generar parte de la electricidad que alimenta los servidores y fabricar sus componentes.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) reconoce el consumo de agua como uno de los impactos ambientales que deben evaluarse durante el ciclo de vida de la inteligencia artificial.

No existe una cantidad universal de litros que pueda atribuirse a cada consulta de IA. El consumo cambia según el sistema, la ubicación, la fuente de energía y el método de refrigeración.

Esto cobra especial importancia en regiones con escasez de agua, donde la expansión de infraestructura tecnológica debe considerar la disponibilidad del recurso para las comunidades.

Cómo reducir la contaminación digital con hábitos cotidianos

Computadora, celular en reparación y símbolo de reciclaje que ilustran hábitos para reducir la contaminación digital.

Aunque las grandes empresas tienen un papel fundamental en la eficiencia de sus instalaciones, nuestras decisiones también pueden contribuir a reducir el impacto ambiental de la tecnología.

1. Aprovecha durante más tiempo tus dispositivos

Antes de comprar otro celular o computadora, revisa si el actual todavía responde a tus necesidades.

Una reparación o un cambio de batería puede prolongar su uso, siempre que el equipo conserve condiciones adecuadas de seguridad y funcionamiento.

La Agencia Europea de Medio Ambiente destaca que extender la vida útil de los productos ayuda a reducir la demanda de materiales y nuevos procesos de fabricación.

2. Reduce el consumo eléctrico innecesario

Aprovecha las funciones de ahorro de energía, ajusta el brillo de las pantallas y apaga los equipos cuando no necesiten permanecer funcionando.

3. Organiza tus archivos digitales

Eliminar duplicados y respaldos innecesarios ayuda a administrar mejor el almacenamiento.

Sin embargo, borrar unos cuantos correos no garantiza un ahorro ambiental significativo. El efecto depende de cómo se gestione realmente la infraestructura.

4. Utiliza los servicios digitales de forma consciente

Evita mantener videos o transmisiones reproduciéndose sin necesidad. Si solamente quieres escuchar contenido, considera utilizar audio cuando el servicio lo permita.

No se trata de abandonar estas plataformas, sino de aprovecharlas mejor.

5. Reutiliza y recicla tus electrónicos

Si un dispositivo todavía funciona, considera venderlo, donarlo o reacondicionarlo.

Cuando llegue al final de su vida útil, busca un programa de recuperación adecuado. En México puedes consultar nuestra guía sobre dónde reciclar celulares usados.

Antes de entregarlo, respalda tu información y elimina tus datos personales cuando sea posible.

Una tecnología más responsable comienza con mejores decisiones

La tecnología nos permite trabajar, estudiar y comunicarnos, pero también necesita recursos que muchas veces no vemos.

La huella de carbono digital, el consumo de agua de los centros de datos y los residuos electrónicos forman parte de ese impacto.

Por eso, reducir la contaminación digital no consiste en sentir culpa por utilizar internet, sino en reconocer qué decisiones tienen mayores beneficios.

Conservar equipos funcionales, evitar reemplazos innecesarios y utilizar responsablemente nuestros dispositivos son buenos puntos de partida. El resto también depende de que fabricantes y proveedores desarrollen servicios más eficientes y transparentes.

La mejor tecnología no siempre es la más nueva, sino también aquella que podemos aprovechar durante más tiempo.

Preguntas frecuentes sobre contaminación digital

¿La inteligencia artificial consume agua cada vez que hacemos una consulta?

Las consultas de IA utilizan infraestructura que puede consumir agua directa o indirectamente. Sin embargo, no existe una cantidad fija de litros por pregunta: depende del modelo, los servidores, la refrigeración y la electricidad utilizada.

¿Cómo saber si un servicio digital es responsable con el medio ambiente?

Revisa si la empresa publica informes ambientales con datos sobre consumo eléctrico, emisiones, uso de agua y eficiencia de sus centros de datos. También conviene distinguir entre compromisos futuros y resultados que ya fueron medidos.

¿Los centros de datos pueden funcionar sin consumir agua para refrigeración?

Sí. Existen sistemas de refrigeración que utilizan aire o circuitos cerrados para reducir considerablemente el consumo directo de agua. Sin embargo, estas tecnologías pueden tener diferentes necesidades energéticas y no eliminan toda la huella hídrica de la instalación.

¿Qué hago si en mi municipio no hay centros de reciclaje electrónico?

Consulta los programas de recolección de tu ayuntamiento, las autoridades ambientales estatales o los fabricantes. Mientras encuentras una opción adecuada, conserva los equipos en un lugar seguro y evita depositar dispositivos con baterías de litio en la basura doméstica.

¿Utilizar energía renovable elimina la contaminación digital?

No completamente. La electricidad renovable puede reducir las emisiones asociadas al funcionamiento de la infraestructura, pero fabricar dispositivos, obtener materiales, utilizar agua y gestionar residuos electrónicos sigue generando impactos ambientales.

Fuentes y recursos consultados

  1. Agencia Internacional de la Energía (IEA) – Energy and AI - Informe sobre el consumo eléctrico mundial de los centros de datos y las proyecciones de crecimiento impulsadas por la inteligencia artificial.

  2. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) – Impacto ambiental de la inteligencia artificial - Análisis del consumo de energía, agua y materiales, así como de las emisiones y residuos asociados al ciclo de vida de la IA.

  3. Departamento de Energía de Estados Unidos – Eficiencia del agua en centros de datos - Documentación técnica sobre los sistemas de refrigeración, el consumo de agua y las oportunidades para mejorar su eficiencia.

  4. Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) – Global E-waste Monitor 2024 - Informe internacional sobre la generación de residuos electrónicos, sus tasas de reciclaje y los desafíos de su gestión.

  5. Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) – Vida útil de los productos - Análisis de los beneficios ambientales de prolongar la vida útil de los productos y reducir la demanda de nuevos materiales.

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